Marzo 2007


A veces es cuanto menos curioso leer lo escrito y reflexionar acerca de qué circunstancias te llevaron a escribirlo. Es gracioso ver como parece que las personas cambian y más cuando parece que es uno mismo el que está cambiando. Cuando analizas, no solo ves que cambian las circunstancias, no te fallas a ti mismo porque eso es imposible, los principios y demás normas morales “irrompibles” son falacias, toda norma fue creada para ser rota por definición. Cuando colocamos un muro en nuestro camino no queda más que romperlo a morir en el intento, no hay más camino que el que nos hemos marcado, el que ha marcado nuestra voluntad.

 Esto me lleva a revivir viejos fantasmas y pensar porqué ahora si y antes no y quizás también a pensar porqué ahora no y antes si. Nadie cambia, las cosas permanecen más constantes de lo creemos, muchas veces no hay más que un cambio de mentalidad, la voluntad de creer que las cosas han cambiado. Nada cambia, tú y yo seguimos igual, las circunstancias nos han enseñado cosas, pero en última instancia responderemos siguiendo nuestro camino. El camino es lo único real, la voluntad es lo único real.

No sé, si la gente merece segundas oportunidades. De hecho, no sé si existen, todo es un continuo y puede que suene resentido pero no puedo olvidar. Puedo perdonar casi cualquier cosa, pero no olvidarla, me parece un tanto iluso fingir que lo he hecho. Cuando algo nos marca, para bien o para mal, es algo que se tiene muy presente. Esas cosas suelen suceder cuando la gente está forzada en un extremo y cuando llevamos a la gente a un extremo es cuando encontramos su verdadero yo, al que no le da tiempo a medir sus acciones y eso nos permite acotar a la gente, saber hasta donde pueden llegar. En nuestra mano está saber si una persona nos importa lo suficiente como para aceptar a ese yo egoísta que tiene dentro.

Sigo diciendo que las personas somos egoístas, cada vez lo pienso más aunque también me hago dudar, me hago dudar de mi propio egoísmo que hace algún tiempo era tan latente. Supongo que en alguna parte de nuestro corazón también escondemos algo bueno, algo que nos hace querer a los demás. Algo que te hace anteponer tus intereses a los de la otra persona y que por primera vez en mucho tiempo no pienses solo en ti.

El Amor Castuo golpea con dureza la nueva filosofía del asesino de su alma.

 

Vaya, llevo 4 meses sin escribir nada y eso, me enorgullece. Eso significa que llevo 4 meses sin sentirme solo, al menos durante un tiempo que me haga dudar acerca de si mi vida merece la pena.

Son cuatro meses en los que puede que me haya fallado a mi mismo y a los que me rodean o puede que hayan sido los cuatro meses más auténticos de los últimos tiempos. No lo sé, tampoco quiero saberlo. No quiero entrar a valorar  si he cambiado o es algo que estaba ahí dentro. No sé tampoco si esto es mejor o peor, solo sé que me siento a gusto conmigo mismo, al menos la mayor parte del tiempo.

Algunos creerán saber el origen de este cambio, pero me resigno a creer que algo así haya hecho cambiar tanto las cosas, claro que las ha cambiado, es algo que no había vivido nunca, al menos así. Me estaba encerrando en un mundo del que me creía el amo, lo malo es que no había nadie con quien compartirlo. Ahora sé, que no necesito crear un mundo para establecer mis propias reglas, a veces hay que jugar en el patio ajeno y mantener tus reglas, es solo cuestión de constancia.

A veces me pregunté acerca de porqué escribía este blog. En mi opinión hay dos tipos de blogueros, el ególatra y el solitario. El primero busca que un escrito le otorgue la credibilidad que no le aportan sus falaces ideas y el segundo busca en el escrito alguien en quien apoyarse. Ambos me producen pena. Lo peor, sé que pertenezco a algún grupo.