Personal


No sé porqué pero ultimamente me siento bastante crítico con todo lo que me rodea. Parece que todo me cansa y nada parece ser nuevo. Pocas cosas me hacen sentir bien, al menos no tan bien como desearía.

A veces veo mi futuro en la cara de otros. No sé si será mi futuro, pero a veces me da miedo pensar que pueda serlo. Me parece un tanto falaz ver en otros lo que te puede pasar a ti, no son las mismas circunstancias ni las mismas personalidades y eso  hace que la forma de enfrentarse a los problemas sea totalmente distinta pero, a veces las similitudes son tantas…

Creo que me estoy aislando a pesar de que me siento más unido que nunca a las personas que quiero. Para mi es raro sentir algo así, como un sentimiento de dependencia que me hace sentir débil. La debilidad me da miedo porque me siento demasiado expuesto a los demás. El Asesino de su propia Alma no teme mostrar lo que siente, pero siempre manteniendo un muro y algunas advertencias colgadas en él. No sé en que momento descuidé el muro y una persona pasó ignorando toda advertencia y ahora, sin saberlo, mantiene en pie al Hombre nacido de sus cenizas.

Ahora me doy cuenta de toda la imperfección del nuevo nacimiento. La presunción de perfección no ha hecho más que agravar la caída y demostrar que no todo fue quemado, algunas cosas perduran, cosas que importan. El Muro hace ya tiempo descuidado no es más que un recordatorio de lo que un día significó y de la falacia de su construcción. Los muros no sólo protegen, también encarcelan. Supongo que el Nuevo Hombre está más expuesto a la vida, superó sus miedos y le hicieron mirar más allá de su pequeño mundo lleno de egoísmo. Poco más lejos vio unos ojos que le resultaron familiares, ahora no puede dejar de mirarlos. 

Esos ojos derribaron todos sus muros, por esos ojos derribaría cualquier edificio.

 

Vaya, llevo 4 meses sin escribir nada y eso, me enorgullece. Eso significa que llevo 4 meses sin sentirme solo, al menos durante un tiempo que me haga dudar acerca de si mi vida merece la pena.

Son cuatro meses en los que puede que me haya fallado a mi mismo y a los que me rodean o puede que hayan sido los cuatro meses más auténticos de los últimos tiempos. No lo sé, tampoco quiero saberlo. No quiero entrar a valorar  si he cambiado o es algo que estaba ahí dentro. No sé tampoco si esto es mejor o peor, solo sé que me siento a gusto conmigo mismo, al menos la mayor parte del tiempo.

Algunos creerán saber el origen de este cambio, pero me resigno a creer que algo así haya hecho cambiar tanto las cosas, claro que las ha cambiado, es algo que no había vivido nunca, al menos así. Me estaba encerrando en un mundo del que me creía el amo, lo malo es que no había nadie con quien compartirlo. Ahora sé, que no necesito crear un mundo para establecer mis propias reglas, a veces hay que jugar en el patio ajeno y mantener tus reglas, es solo cuestión de constancia.

A veces me pregunté acerca de porqué escribía este blog. En mi opinión hay dos tipos de blogueros, el ególatra y el solitario. El primero busca que un escrito le otorgue la credibilidad que no le aportan sus falaces ideas y el segundo busca en el escrito alguien en quien apoyarse. Ambos me producen pena. Lo peor, sé que pertenezco a algún grupo. 

Porque huir de los problemas no garantiza que se solucionen. Porque volver no ha hecho más que hacerlos crecer. Porque renegar de las personas que te quieren y te han hecho feliz en algún momento no es más que renegar de uno mismo, yo reabro las heridas del pasado, la vuelta del amor castuo. Porque alejarte de una persona puede conseguir que sientas algo más cercano hacia ella, yo reabro las heridas del pasado, la vuelta del amor romántico.

Ha llegado la hora de terminar lo que un día se empezó y no se acabó. Antes de volver a empezar hay que terminar. Poner las cartas sobre la mesa puede ser una buena estrategia, la destrucción no ha de ser total. Siempre hay cosas que merecen ser salvadas por su fragilidad y el sentido que otorgan a todo lo que las rodea; otras, sin embargo, parecen indestructibles ante todo ataque y cuando te enfrentas de nuevo a ellas no puedes hacer más que reconocer que las amaste y has intentado destruirlas porque no podías poseerlas. A veces el odio no es más que un amor mal interpretado.

Tras el asesinato, el asesino conserva sólo tres fotos, delirios de un asesino fetichista o melancólico. Tres fotos con una historia no escrita al reverso, tres historias grabadas a fuego en la nuca del asesino. Tres fotos y tres historias que explican casi una vida, su anterior vida y puedo que mucho de su vida actual. Porque no podemos escapar del pasado dejo que la sangre del anterior tiempo vuelva a fluir y alimentarme.

Aunque muchas cosas están cambiando, no tengo musa. Como el autor romántico, sin dolor no hay obra.

A mi me mueven otras cosas menos bohemias aunque puede que igual de imposibles. No busco el dolor ni escapo de él. Mi musa se llama libertad, una vez libres seremos felices porque elegir nos hace serlo. Mi musa tiene cuerpo de humo porque no puedes abrazarla pero si sentirla. Mi musa no promete nada, es más advierte de una lucha constante, el humo no es algo que puedas guardar por siempre. Ahora puedo sentir a mi musa, me circunda y me llena por dentro, la vuelta del amor castuo.

Siempre creí que en presencia de su musa, el autor, guiado por la felicidad que le embarga, crea sus mejores obras. Ahora entiendo que no es la musa lo que le inspira, es la frustración que le produce su naturaleza intermitente lo que guía su pluma. Las obras más oscuras de un autor son las que muestran su alma. Cuando alguien no siente más que felicidad no hay tiempo para otras cosas y todo lo que se dice suele estar adulterado. El deseo nos hace ser nosotros mismos. Cuando creemos tenerlo todo no hay deseo, todo lo que era potencia se ha convertido en acto.

Todo éste tiempo pasado ha sido una persecución, un deseo continuo que no ha hecho más que inspirar unas cuantas líneas de dudoso valor. Llega el tiempo de convertir la potencia en cinética y observar el movimiento de las cosas desde dentro. La vuelta del amor castuo. 

Como el último soldado abatido en una guerra, dos sentimientos se revuelven y recrudecen en mi cabeza mientras los últimos resquicios de consciencia resbalan por el mortal agujero. Por un lado, dolor, el dolor del que pierde toda su vida y no puede recuperarla; por otro, alivio por haber escapado a algo absurdo y que no hacía más que auto-flagelar su alma y minar su moral.

Haberme infringido la muerte de mi Yo, lejos de causarme miedo, me aporta seguridad, la seguridad que te otorga saber que no puedes volver a atrás porque no hay nada a lo que volver. Toda evolución se basa en la adaptación del individuo y la supervivencia del más apto, y así ha ocurrido. La moral vieja, la moral débil e idealista, sucumbe ante la moral nueva, vigorosa y realista.

No más opios que adormezcan la mente y no más cicuta que merme las ganas de vivir.

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Los débiles y malogrados deben perecer y deben ser ayudados a ello y confieso que yo lo he hecho, me ayudé a morir a mi mismo, clavé el puñal por la espalda, puñal esperado y a la vez doloroso. Romper con todo lo que he creído no es algo que se deseé, si no algo que se necesita, se necesita en cuanto a la superación personal, a la adquisición de voluntad, poder sobre uno mismo. La puñalada que me asesto en este momento deseando que el dolor acabe pronto, no es la puñalada de la negación; quedarse en la negación sólo hace que se recaiga en lo negado, la eliminación de lo antiguo, de los valores que han regido tu vida hasta el momento de tu propio asesinato no ha de ser una meta, si no un camino, un camino hacia algo nuevo y más creativo, que te otorgue más poder sobre ti mismo.

No creo en las palabras evolución o progreso con las connotaciones modernas, ¿por qué pensamos que necesariamente se ha de caminar hacia delante?. Se camina sin más y puede que yo ahora camine hacia atrás y no ha de ser algo necesariamente malo. Porque, ¿Qué es lo bueno o lo malo? ¿Qué esta bien o está mal? A eso ha de responderse cada uno, o más bien, debería de responderse cada uno. Para mí lo bueno es todo aquello que eleva un sentimiento, el sentimiento de control sobre uno mismo, el control sobre los valores que rigen nuestra vida, que no han de ser contrarios a nuestros instintos. Lo malo, simplemente todo aquello que nos debilita, que nos aliena, nos seduce hacia la ignorancia y el conformismo y la falta de poder sobre uno mismo.

Mi puñal no aporta paz, aporta guerra, guerra interior. Arde su filo en mi interior quemando todo aquello que me hacia más débil y las llamas se extienden por cada rincón dejando a su paso sólo cenizas y todo lo válido. De las cenizas de antiguos valores nacerá otros más fuertes y que extenderán sus raíces solo sin son apropiados.

De momento, hoy agonía, mañana nuevo vigor.

 

Hace algún tiempo decidí vivir mi vida intentando mejorar de alguna manera la vida de los que me rodean, invirtiendo mi tiempo en la creación de un ideal, la búsqueda de lo justo, lo bueno, algo por lo que luchar. Hace tiempo dejé de vivir mi vida, hace tiempo dejé de luchar. Necesito mi pequeña dosis de egoísmo, pensamientos que me invaden continuamente y que hasta hace bien poco oprimía bajo el felpudo. Ahora, allá cada uno con lo suyo, no podré evitar la decepción y el sentimiento de impotencia al ver el conformismo y la ignorancia de la gente, que no sabe mirar más allá de sus propias narices para ver en la mierda en la que andan metidos, pero, en parte, esa decepción es la que me lleva a pensar que la gente no es que no vea la realidad, es que no quiere verla, prefiere que otros le den una realidad alternativa, una realidad en la que no tienen que pensar, una realidad prefabricada para sus intereses y en el que todo el mundo está programado para una finalidad.

Allá ellos, yo viviré mi vida, eso sí, no seré como ellos, yo creo mi propia realidad, puede que sea igual de ficticia que la suya pero, al menos, no me la prefabricada nadie y no estoy sujeto a ningún interés de nadie, por lo menos no de forma consciente. Allá ellos, porque no hay hombre más necio que el que se miente a si mismo. Allá ellos, yo no quiero concienciar más a la gente, concienciar a ciertas personas es como querer concienciar a una piedra de su propia existencia.

Allá ellos, yo ingreso en el club. Idealistas cansados, amantes desengañados, revolucionarios impotentes, fracasos y demás deprimidos e integrantes ilustres.

Parece que la euforia vino tan pronto como se fue y el urticante picor de la nuca me indica que no estoy a gusto, que algo me dice que la he cagado por completo. Ambas opciones eran incompletas para mí, tampoco podía pedir la perfección, eso sólo lo haría mas…. imperfecto. En un mes se puede cambiar más que en varios años. Ahora me doy cuenta de que el amor es algo egoísta y los tiempos en que se pensó que era algo idílico, algo que compartir quedaron atrás, ahora sólo quiero vivir la vida, ser egoísta e intentar ser feliz.

A Andrea agradecerla que me demostrara que era algo para lo que no estaba hecho, algo que supone demasiado para mí, algo dentro de mí se opone directamente a lo que ella me pedía que, a decir verdad, nunca quedó muy claro. En parte porque era un juego en el que ambos andábamos involucrados y en el que ambos jugábamos a la par, yo esperé que, al descubrir mis cartas, sucediera algo parecido por el otro lado, pero no pasó, sólo más intenciones veladas y juegos sin sentido. No puedo aguantarlo más. Demasiado para alguien tan frontal como yo, acepté jugar al juego, pero no jugar para siempre, me parece bien que estés esperando al hombre de tu vida, pero no me pidas hacerme pasar por él porque me estás pidiendo que me falle a mi mismo.

A un amigo agradecerle que me abriera los ojos en un momento en el que él tampoco lo estaba pasando muy bien, supongo que ahora me llevas ventaja, no sé donde perdí la clarividencia y la “sangre fría” pero espero reencontrarme con ellas pronto.

No hay más que hablar, el camino ya ha sido elegido y supongo que habrá personas con las que nunca más volveré a cruzarme y que otras caminarán a mi lado recordándome que me equivocado. Para equivocarse ha de haber una solución válida, un camino jamás será recorrido y nunca podremos saber si era correcto, por tanto puede que el problema no tenga solución, sólo un proceso y puede que un fin.

Un ciclo ha tocado a su fin, algo nuevo comienza y no puedo evitar sentir una curiosidad lasciva al saber que no sé que pasará.

Todo el mundo desea controlar su vida, marcar el rumbo, decir ya, aquí y ahora. Supongo que todo el mundo cree tener el control, saber lo que se hace. ¿Por qué yo sólo siento la incertidumbre y ese “picor” en la nuca que te recuerda que vas a cagarla?, cagarla como la cagaste la última vez, esa última vez en la que lo tenías todo hecho, la cagaste en diez minutos. Diez minutos de los que renegaste, que creíste poder olvidar; diez minutos en los que fuiste sincero y casi un año en el que no lo has sido. La sinceridad empieza por uno mismo y renegar de algo que sentiste y que puede que sigas sintiendo no hace más que empeorar las cosas.

Lo peor de todo es que me siento mal por dentro, es algo así como un sentimiento de culpa, culpable porque no soy capaz de hablarle a Andrea porque siento que de alguna manera la he fallado y no puedo decir que ella me haya fallado nunca. Culpable por ser fanático al dolor, al dolor que Raquel me inflige en cada roce, pero es un dolor tan deseado… El dolor, al contrario de lo que se piensa es algo placentero, algo que nos hace sentir vivos, mientras hay dolor hay pasión. Pasión y dolor, uno no hace más que demostrar al otro.

No intento excusarme con nadie, sólo ser sincero conmigo mismo. Mentirse a uno mismo te hace elevarte, elevarte lejos de la realidad y cuando te das cuenta de que te encuentras flotando sobre una fina hoja de papel, ésta se rompe y la caída contra el suelo suele dañar más que los huesos. Una recaída a la realidad sólo puede aliviarse con alcohol o sexo y no tengo al alcance de la mano ninguno de los dos. Sólo queda enfrentarse a ello, darse cuenta del lugar que se ocupa, el camino se parte y hay que tomar una dirección. Lo malo es que tomar una no te deja tomar la otra.

La mentira y el olvido marcaron las lineas del camino que comienzo a dejar, ¿Quién pintará las lineas del nuevo camino?

Siempre que se juega a las cartas hay que tener en cuenta que no siempre te llegan las cartas que deseas, o a lo mejor llegan las que deseas pero no en la forma que quieres.

Ahora me encuentro ante una jugada complicada, tengo casi asegurada una jugada, pero acaba de llegar una carta que me hace dudar que jugada utilizar.

Haga lo que haga alguien va a salir perdiendo, o peor aún, haré daño a alguien. No me pueden hacer elegir, no es una cosa como elegir si hoy tomas café descafeinado de sobre o máquina, son sentimientos que llevan mucho tiempo dentro de mí, a veces pienso que demasiado. uve que darles salida en su momento y ahora sufro las consecuencias de guardarme todo. Ojalá pudiera decir que saldré airoso, pero mucho me temo que no será así.  Ambas jugadas son iguales para mí, pero darle preferencia a una u otra dudo que fuera complaciente para ambas. No quiero hacer daño a nadie.

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