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A veces es cuanto menos curioso leer lo escrito y reflexionar acerca de qué circunstancias te llevaron a escribirlo. Es gracioso ver como parece que las personas cambian y más cuando parece que es uno mismo el que está cambiando. Cuando analizas, no solo ves que cambian las circunstancias, no te fallas a ti mismo porque eso es imposible, los principios y demás normas morales “irrompibles” son falacias, toda norma fue creada para ser rota por definición. Cuando colocamos un muro en nuestro camino no queda más que romperlo a morir en el intento, no hay más camino que el que nos hemos marcado, el que ha marcado nuestra voluntad.

 Esto me lleva a revivir viejos fantasmas y pensar porqué ahora si y antes no y quizás también a pensar porqué ahora no y antes si. Nadie cambia, las cosas permanecen más constantes de lo creemos, muchas veces no hay más que un cambio de mentalidad, la voluntad de creer que las cosas han cambiado. Nada cambia, tú y yo seguimos igual, las circunstancias nos han enseñado cosas, pero en última instancia responderemos siguiendo nuestro camino. El camino es lo único real, la voluntad es lo único real.

No sé, si la gente merece segundas oportunidades. De hecho, no sé si existen, todo es un continuo y puede que suene resentido pero no puedo olvidar. Puedo perdonar casi cualquier cosa, pero no olvidarla, me parece un tanto iluso fingir que lo he hecho. Cuando algo nos marca, para bien o para mal, es algo que se tiene muy presente. Esas cosas suelen suceder cuando la gente está forzada en un extremo y cuando llevamos a la gente a un extremo es cuando encontramos su verdadero yo, al que no le da tiempo a medir sus acciones y eso nos permite acotar a la gente, saber hasta donde pueden llegar. En nuestra mano está saber si una persona nos importa lo suficiente como para aceptar a ese yo egoísta que tiene dentro.

Sigo diciendo que las personas somos egoístas, cada vez lo pienso más aunque también me hago dudar, me hago dudar de mi propio egoísmo que hace algún tiempo era tan latente. Supongo que en alguna parte de nuestro corazón también escondemos algo bueno, algo que nos hace querer a los demás. Algo que te hace anteponer tus intereses a los de la otra persona y que por primera vez en mucho tiempo no pienses solo en ti.

El Amor Castuo golpea con dureza la nueva filosofía del asesino de su alma.

 

Una noche basta para darte la razón y hacerte volver a casa entre lágrimas. Una noche te enseña que hay pocas cosas por las que luchar y que no hay ninguna que recordar, mejor comenzar de nuevo.

Una noche te basta para saber quien es la persona que quieres de verdad y por la que eres capaz a renunciar a toda tu mierda falaz sobre orgullo y voluntad, sólo porque esté a tu lado, nada más. Alguien que me costó encontrar y que en poco tiempo he perdido ya dos veces y cada vez que lo hago consigue que no haya más que ella y tristeza. El resto de lo que pasó durante la noche importa bien poco, no es mi lucha, para mi la coche acabo justo cuando me despedí de un amigo.

Una noche y una mañana basta para darse cuenta de que de verdad quieres a alguien has de hacerle saber que es importante para ti, no basta con demostrarlo, no vale con darlo por hecho, hay que recordarlo.

Finalmente, dos años han bastado para mandarlo todo a la mierda.

Desde hace algún tiempo algunos pensamientos invaden mi cabeza cada vez que la casualidad me ofrece un vaso de cicuta y me invita a reanimar a los muertos, volver a lo de antes, a la ingestión de opiacios en forma de mentiras y debilidad moral. Pensamientos que me hacen levantarme por la noche, levantarme y compararme con el cadáver que escondo bajo la cama con la esperanza de que su olor me recuerde cuan corrupto me sentía.

No puedo evitar mirarme y preguntarme si ando en la dirección correcta, si lo que hago está bien, luego recuerdo el saco de mis grandes “virtudes” aplastaba mi ego y acallaba mi voluntad. Es por eso que digo: yo no creo en la virtud. La virtud es todo aquello que asesina nuestro espíritu y ata nuestra libertad. El ser humano es egoísta por naturaleza, ser individualista por antonomasia, llamar a la generosidad virtud no tiene sentido. en todo caso la virtud no debería ser algo forzado, si no algo que sale de dentro, de nuestra voluntad, no de una voluntad redentora que nos programó sin nuestro consentimiento a través de la tradición, la religión y la mentira.

Ahora que recupero poco a poco mi voluntad me doy cuenta de que es una voluntad egoísta, pero al menos no tortura mi alma. Quizás sea un cabrón, pero prefiero ser un puto cabrón antes que un gilipollas, eso ya lo he vivido.

Como en toda transición, llega un momento para el silencio y el análisis, el reencuentro con los olvidados, la aceptación de los fallos pasados y la ilusión que propina la construcción de algo nuevo. Algo que promete ser más sólido y que sienta sus cimientos sobre un endurecimiento de la moral y en la reafirmación del Yo frente al nosotros.

Puede sonar egoísta pero, las personas a las que quiero son tan parte de mí como yo mismo y eso es lo que quiero reafirmar antes de empezar a construir, reafirmar los lazos que me unían a las personas y fortalecer mi Yo y eso no se hace escribiendo en un blog, se hace hablando a la cara y mostrando lo que se siente.

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Hoy me miro al espejo y no veo a la misma persona que vi hace algún tiempo. Al margen de los cambios físicos no observo a la misma persona que fui algún día.

Dicen que las personas marcamos un camino por el que andamos durante nuestra vida. Yo en un momento concreto decidí salirme de él y comenzar a construir uno nuevo. Para construirlo tuve que andar varias veces por el mismo sitio y asentar el nuevo terreno. No sé si escogí un mejor camino, el camino bueno; todavía no controlo los conceptos de bueno y malo, se me hacen demasiado ambiguos. Lo que ahora me pregunto es si hubiera sido más feliz siguiendo el camino que ya tenía marcado. No me cabe la menor duda de que hubiera sido completamente diferente y puede que no hubiera conocido a las mismas personas , pero no puedo evitar preguntármelo.

Cuando veo o hablo con antiguos “amigos” no puedo evitar preguntarme cómo hubiera sido yo. Es como la eterna pregunta, “¿cómo sería mi vida sin mí?”. Ambas no tienen contestación. ¿Existe realmente el efecto mariposa?¿Cuando tomamos una decisión y elegimos un de varias opciones influimos no sólo a la gente que nos rodea, si no que también a gente que ni siquiera sabemos de su existencia? ¿Cuando elegimos una opción creamos varias realidades paralelas en las que elegimos las otras opciones? ¿Qué yo escriba esto y alguien lo lea cambiará algo? (Momentos de paranoia mental patrocinados por el canal sci-fi y corte ingles, que está de rebajas).

No sé si todo estará escrito y tampoco quiero creerlo. Pensar que tengo la capacidad de trazar mi propio camino es lo único que me motiva hoy día.

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