Hoy he vuelto a hablar con Andrea después de bastante tiempo sin saber apenas de ella debido a su viaje. Cada momento que tomo contacto con ella se me plantean las mismas dudas que, con el paso del tiempo, se han convertido en irresolubles. “¿Estoy confundiendo mis sentimientos?”

¿Por qué no podré sólo odiarla o querarla? Ambos sentimientos se cruzan en mi cabeza a lo largo del día y supongo que eso es lo que atrae irremediablemente a ella. Cuando estoy cerca suya siento un cúmulo de sensaciones que me hacen dudar, de pronto m siento en la cumbre y el momento después siento miedo por defraudarla. En definitiva, miedo por defraudarme a mi.

Supongo que hay momentos en los que mi módulo de simulación de autocontrol y seguridad personal deja de funcionar y me siento algo… desnudo ante las situaciones. Pocas personas lo consiguen y ella es una de ellas, y eso no me ayuda porque necesito sentirme seguro de mí mismo para estar seguro de lo que siento.

Mi cabeza funciona por el principio de máxima entropía y rige todos sus actos según esta máxima. Supongo que es por eso que siento algo que no me deja separarme de Andrea, porque me supone un reto entenderla, comprenderla, quererla.