Cada día que pasa creo menos en la generosidad como acto espontaneo, como un acto que no esconde ningún interés tras de si. El ser más generoso oculta tras de si un ser egoísta que espera recoger lo que ha sembrado generando un sentimiento de culpa en la otra persona.

Nunca he sido dado a aceptar regalos, de hecho no suelo pedirlos, prefiero ganarlos y si acepto algo es cuando sé que ha sido de corazón no quiero crear la falsa idea de que debo algo a nadie y menos que alguien crea que le debo algo.

Me jode aquello de “yo te rasco la espalda si tú me la rascas después” y creo que es uno de los grandes males de la sociedad y el principal causante de la corrupción política y social. Prefiero no tener nada y saber que todo me lo he ganado yo que tenerlo todo gracias a favores de dudosa moralidad.

Cuando descubro algo me cuesta no compartirlo y no porque no crea que vaya a conseguir a cambio si no porque ya que yo he utilizado un tiempo en descubrir algo, ¿por qué no permitir que los demás se lo ahorren? Poco a poco me tendré que ir acostumbrando a lo contrario no creo que en un futuro a la empresa para la que trabaje le haga gracia que si investigo algo lo lance l mundo como algo libre.

Siempre pensé que el conocimiento y la ciencia tenía que ser algo común,algo universal, algo a compartir. A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que sólo a través de la competitividad y las descaradas normas del comercio y las patentes.

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