Parece que la euforia vino tan pronto como se fue y el urticante picor de la nuca me indica que no estoy a gusto, que algo me dice que la he cagado por completo. Ambas opciones eran incompletas para mí, tampoco podía pedir la perfección, eso sólo lo haría mas…. imperfecto. En un mes se puede cambiar más que en varios años. Ahora me doy cuenta de que el amor es algo egoísta y los tiempos en que se pensó que era algo idílico, algo que compartir quedaron atrás, ahora sólo quiero vivir la vida, ser egoísta e intentar ser feliz.

A Andrea agradecerla que me demostrara que era algo para lo que no estaba hecho, algo que supone demasiado para mí, algo dentro de mí se opone directamente a lo que ella me pedía que, a decir verdad, nunca quedó muy claro. En parte porque era un juego en el que ambos andábamos involucrados y en el que ambos jugábamos a la par, yo esperé que, al descubrir mis cartas, sucediera algo parecido por el otro lado, pero no pasó, sólo más intenciones veladas y juegos sin sentido. No puedo aguantarlo más. Demasiado para alguien tan frontal como yo, acepté jugar al juego, pero no jugar para siempre, me parece bien que estés esperando al hombre de tu vida, pero no me pidas hacerme pasar por él porque me estás pidiendo que me falle a mi mismo.

A un amigo agradecerle que me abriera los ojos en un momento en el que él tampoco lo estaba pasando muy bien, supongo que ahora me llevas ventaja, no sé donde perdí la clarividencia y la “sangre fría” pero espero reencontrarme con ellas pronto.

No hay más que hablar, el camino ya ha sido elegido y supongo que habrá personas con las que nunca más volveré a cruzarme y que otras caminarán a mi lado recordándome que me equivocado. Para equivocarse ha de haber una solución válida, un camino jamás será recorrido y nunca podremos saber si era correcto, por tanto puede que el problema no tenga solución, sólo un proceso y puede que un fin.

Un ciclo ha tocado a su fin, algo nuevo comienza y no puedo evitar sentir una curiosidad lasciva al saber que no sé que pasará.