Hace algún tiempo decidí vivir mi vida intentando mejorar de alguna manera la vida de los que me rodean, invirtiendo mi tiempo en la creación de un ideal, la búsqueda de lo justo, lo bueno, algo por lo que luchar. Hace tiempo dejé de vivir mi vida, hace tiempo dejé de luchar. Necesito mi pequeña dosis de egoísmo, pensamientos que me invaden continuamente y que hasta hace bien poco oprimía bajo el felpudo. Ahora, allá cada uno con lo suyo, no podré evitar la decepción y el sentimiento de impotencia al ver el conformismo y la ignorancia de la gente, que no sabe mirar más allá de sus propias narices para ver en la mierda en la que andan metidos, pero, en parte, esa decepción es la que me lleva a pensar que la gente no es que no vea la realidad, es que no quiere verla, prefiere que otros le den una realidad alternativa, una realidad en la que no tienen que pensar, una realidad prefabricada para sus intereses y en el que todo el mundo está programado para una finalidad.

Allá ellos, yo viviré mi vida, eso sí, no seré como ellos, yo creo mi propia realidad, puede que sea igual de ficticia que la suya pero, al menos, no me la prefabricada nadie y no estoy sujeto a ningún interés de nadie, por lo menos no de forma consciente. Allá ellos, porque no hay hombre más necio que el que se miente a si mismo. Allá ellos, yo no quiero concienciar más a la gente, concienciar a ciertas personas es como querer concienciar a una piedra de su propia existencia.

Allá ellos, yo ingreso en el club. Idealistas cansados, amantes desengañados, revolucionarios impotentes, fracasos y demás deprimidos e integrantes ilustres.