Los débiles y malogrados deben perecer y deben ser ayudados a ello y confieso que yo lo he hecho, me ayudé a morir a mi mismo, clavé el puñal por la espalda, puñal esperado y a la vez doloroso. Romper con todo lo que he creído no es algo que se deseé, si no algo que se necesita, se necesita en cuanto a la superación personal, a la adquisición de voluntad, poder sobre uno mismo. La puñalada que me asesto en este momento deseando que el dolor acabe pronto, no es la puñalada de la negación; quedarse en la negación sólo hace que se recaiga en lo negado, la eliminación de lo antiguo, de los valores que han regido tu vida hasta el momento de tu propio asesinato no ha de ser una meta, si no un camino, un camino hacia algo nuevo y más creativo, que te otorgue más poder sobre ti mismo.

No creo en las palabras evolución o progreso con las connotaciones modernas, ¿por qué pensamos que necesariamente se ha de caminar hacia delante?. Se camina sin más y puede que yo ahora camine hacia atrás y no ha de ser algo necesariamente malo. Porque, ¿Qué es lo bueno o lo malo? ¿Qué esta bien o está mal? A eso ha de responderse cada uno, o más bien, debería de responderse cada uno. Para mí lo bueno es todo aquello que eleva un sentimiento, el sentimiento de control sobre uno mismo, el control sobre los valores que rigen nuestra vida, que no han de ser contrarios a nuestros instintos. Lo malo, simplemente todo aquello que nos debilita, que nos aliena, nos seduce hacia la ignorancia y el conformismo y la falta de poder sobre uno mismo.

Mi puñal no aporta paz, aporta guerra, guerra interior. Arde su filo en mi interior quemando todo aquello que me hacia más débil y las llamas se extienden por cada rincón dejando a su paso sólo cenizas y todo lo válido. De las cenizas de antiguos valores nacerá otros más fuertes y que extenderán sus raíces solo sin son apropiados.

De momento, hoy agonía, mañana nuevo vigor.