Aunque muchas cosas están cambiando, no tengo musa. Como el autor romántico, sin dolor no hay obra.

A mi me mueven otras cosas menos bohemias aunque puede que igual de imposibles. No busco el dolor ni escapo de él. Mi musa se llama libertad, una vez libres seremos felices porque elegir nos hace serlo. Mi musa tiene cuerpo de humo porque no puedes abrazarla pero si sentirla. Mi musa no promete nada, es más advierte de una lucha constante, el humo no es algo que puedas guardar por siempre. Ahora puedo sentir a mi musa, me circunda y me llena por dentro, la vuelta del amor castuo.

Siempre creí que en presencia de su musa, el autor, guiado por la felicidad que le embarga, crea sus mejores obras. Ahora entiendo que no es la musa lo que le inspira, es la frustración que le produce su naturaleza intermitente lo que guía su pluma. Las obras más oscuras de un autor son las que muestran su alma. Cuando alguien no siente más que felicidad no hay tiempo para otras cosas y todo lo que se dice suele estar adulterado. El deseo nos hace ser nosotros mismos. Cuando creemos tenerlo todo no hay deseo, todo lo que era potencia se ha convertido en acto.

Todo éste tiempo pasado ha sido una persecución, un deseo continuo que no ha hecho más que inspirar unas cuantas líneas de dudoso valor. Llega el tiempo de convertir la potencia en cinética y observar el movimiento de las cosas desde dentro. La vuelta del amor castuo.