Vaya, llevo 4 meses sin escribir nada y eso, me enorgullece. Eso significa que llevo 4 meses sin sentirme solo, al menos durante un tiempo que me haga dudar acerca de si mi vida merece la pena.

Son cuatro meses en los que puede que me haya fallado a mi mismo y a los que me rodean o puede que hayan sido los cuatro meses más auténticos de los últimos tiempos. No lo sé, tampoco quiero saberlo. No quiero entrar a valorar  si he cambiado o es algo que estaba ahí dentro. No sé tampoco si esto es mejor o peor, solo sé que me siento a gusto conmigo mismo, al menos la mayor parte del tiempo.

Algunos creerán saber el origen de este cambio, pero me resigno a creer que algo así haya hecho cambiar tanto las cosas, claro que las ha cambiado, es algo que no había vivido nunca, al menos así. Me estaba encerrando en un mundo del que me creía el amo, lo malo es que no había nadie con quien compartirlo. Ahora sé, que no necesito crear un mundo para establecer mis propias reglas, a veces hay que jugar en el patio ajeno y mantener tus reglas, es solo cuestión de constancia.

A veces me pregunté acerca de porqué escribía este blog. En mi opinión hay dos tipos de blogueros, el ególatra y el solitario. El primero busca que un escrito le otorgue la credibilidad que no le aportan sus falaces ideas y el segundo busca en el escrito alguien en quien apoyarse. Ambos me producen pena. Lo peor, sé que pertenezco a algún grupo.